El marxismo y la legalidad burguesa, dos mundos de ideas

El reagrupamiento de las fuerzas burguesas, de cara a la construcción de un acuerdo antiobrero para la salida de la crisis, excluyó a la izquierda revolucionaria argentina. Los dirigentes del PTS-FIT, en lugar de denunciar el plan que se está gestando desde una posición de clase, exigieron ser tratados en igualdad de condiciones con las fuerzas políticas burguesas. Se trata esto de un nuevo desvarío o de un síntoma de adaptación al régimen.

La aprobación de una nueva ley contra los socialistas habría representado un mal menor que el desdibujar el antagonismo de clase y los linderos del partido por medio de una alianza electoral parlamentaria.

Guillermo Liebknecht

La violenta irrupción de la COVID-19, en un contexto de profunda crisis económica, obligó a la burguesía argentina a presentar políticas en conjunto, tratando de mostrar unidad para evitar males mayores. Más allá de posturas intransigentes de espacios sin representación parlamentaria, o de sectores minoritarios en Juntos por el Cambio (JXC) que ven el negocio en radicalizar el mensaje antiperonista, el gobierno de Alberto Fernández buscó fortalecer las relaciones con el resto de los sectores de la clase dominante.

El nuevo desafío de Fernández, como máxima figura de un gobierno de coalición que engloba a la gran mayoría de las fuerzas peronistas (Frente de Todos), se enfoca en mostrar unidad para sustentar la vuelta a la normalidad pos-pandemia. El objetivo sería entonces construir acuerdos con los distintos sectores de la burguesía y la burocracia sindical en pos de generar las condiciones para relanzar el ciclo de acumulación capitalista sobre nuevas bases de mayor explotación de la clase trabajadora.

Es en medio de estas negociaciones que el ex gobernador de la provincia de Mendoza y actual diputado nacional, el radical Alfredo Cornejo, declaró públicamente que la principal fuerza de oposición debería tener un diálogo diferenciado: un acercamiento con el gobierno nacional que esté acorde con su representatividad.

Más allá de este requerimiento lógico, también expresó las limitaciones de un diálogo abierto a todas las fuerzas políticas: “un bloque que está en contra del sistema capitalista, como el Frente de Izquierda (FIT), mezclado con los otros bloques, no es una reunión que pueda llegar a un acuerdo sensato para el país”.

Por supuesto que no es esta demostración de conciencia de clase del ultra conservador Cornejo lo que nos llama la atención, sino la reacción de los representantes del “bloque que está en contra del sistema capitalista”.

Un reclamo de otro mundo

“Insólito. Nos informan que el Presidente Alberto Fernández primero se reunirá con los que defienden a los vaciadores de Vicentín, después con los anticapitalistas del FIT que llevaremos una agenda a favor de las mayorías populares que tanto desprecia Cornejo”, expresó Nicolás del Caño, Diputado Nacional y figura pública del principal partido de la izquierda argentina (Partido de los Trabajadores Socialistas, PTS).

Otros referentes del PTS-FIT expresaron en redes sociales “Cambiemos nos quiere proscribir”, “1.200.000 personas nos votaron y merecen estar representadas en esa reunión”. Hasta Christian Castillo, el más importante cuadro teórico del espacio, se animó decir que esto se trata de un “pésimo precedente antidemocrático”.

Este episodio, que lamentablemente no es un caso aislado, muestra a los dirigentes del PTS reclamando a los partidos burgueses y al Estado burgués ser tratados con igualdad de derechos. El pedido de ser integrados a las negociaciones en igualdad de condiciones con las fuerzas del régimen, nos trae a la memoria un escrito de Lenin de 1910 titulado Dos mundos (Lenin, OC, T 16, página 298, Cartago).

En el mismo, el líder de los bolcheviques pone sobre la mesa las dos tendencias clasistas y los dos mundos de ideas que separaban las alas reformista y revolucionaria del Partido Socialdemócrata Alemán. Lenin hecha luz sobre las funciones del Parlamento y su carácter de clase, y expresa su postura sobre la forma en que el partido del proletariado debería relacionarse con estas instituciones burguesas.

También nos resulta interesante incorporar al análisis la posición que György Lukács refleja en Historia y consciencia de clase. Lukács sostiene que no es propio del marxismo renunciar a cualquier método de lucha, pero advierte sobre el problema latente de caer en la fetichización de los mismos. Si bien es característico de los oportunistas aferrarse a la legalidad a cualquier precio, sería completamente incorrecto definir al partido revolucionario por la voluntad contraria, por la ilegalidad dominante en sus métodos. Lo cual plantea el problema de la violencia organizada; el problema del derecho y del Estado, su carácter de clase y su función de garante de la propiedad privada: y en última instancia, el problema ideológico.

Un ejemplo en la socialdemocracia alemana

El artículo de Lenin anteriormente citado responde en forma sencilla a esta cuestión haciendo referencia a un episodio que se desarrolla en el congreso de Magdeburgo, cuando se votaba y discutía el presupuesto. En ese contexto, el jefe de los revisionistas (el ala reformista de la SD Alemana), Frank, señala que el ministro Von Bodman negó en principio “la igualdad de derechos” entre el partido socialdemócrata y los otros –los partidos burgueses-. Lo que para Frank representó una “injuria”. Algo inadmisible.

Refiriéndose a este hecho, Augusto Bebel, jefe del ala revolucionaria del partido, dice en su informe: “Cuando un ministro de un Estado contemporáneo, representante del orden estatal y social existente –y la finalidad del Estado contemporáneo, en tanto institución política, es defender y sostener el régimen estatal y social existente contra todos los ataques por parte de los socialdemócratas, defendiendo, usando la violencia si fuese preciso-, dice que no admite la igualdad de derechos de la socialdemocracia, tiene toda la razón desde su punto de vista”, de clase podríamos agregar.

En ese momento, Frank interrumpe a Bebel, gritando “¡Inaudito! A lo cual Bebel contesta que lo encuentra perfectamente natural.

Consideramos que este episodio, que parece algo aislado, sin demasiada importancia en el marco de una discusión entre miembros de un partido obrero, es un ejemplo cabal de cómo la táctica reformista y la táctica revolucionaria conforman dos mundos de ideas y tendencias en el marco de la lucha proletaria de clase.

¿Por qué Frank se indignó tanto?, se pregunta Lenin. Porque está impregnado hasta el fondo de fe en la “legalidad” burguesa, en la “igualdad de derechos” burguesa, y no comprende los límites históricos de esa legalidad, no comprende que toda esa legalidad debe, inevitablemente, caer hecha añicos cuando se trate del fundamental y principal problema de la conservación de la propiedad burguesa.

Frank está impregnado hasta el fondo de ilusiones constitucionalistas pequeño-burguesas; por eso no comprende que el régimen constitucional es históricamente condicional, incluso en un país como Alemania.

Los Frank, de ayer y de hoy, creen (o se adaptan a la creencia) en la significación absoluta, en la fuerza absoluta de la Constitución y de la legalidad burguesa, sintiéndose ultrajados porque un miembro de las instituciones burguesas no le quiere otorgar o admitir su “igualdad de derechos”. Ese trato que reclaman los Frank, es el de un parlamentario que actúa por entero conforme con la ley. Deleitándose con la legalidad llega a olvidar (u ocultar deliberadamente) que la burguesía es irreconciliable con los intereses del proletariado y, sin darse cuenta, pasa a la postura de quienes creen eterna la legalidad burguesa, o de quienes creen que el socialismo cabe en el marco de dicha legalidad.

La posición y argumentación de Augusto Bebel representa el otro mundo de ideas, la tendencia revolucionaria del proletariado, que alecciona a Frank, poniendo el eje del problema en el terreno de la lucha de clases, echando por tierra las ilusiones constitucionalistas pequeño-burguesas.

Bebel se pregunta y se responde: “¿Puede ofenderse uno porque un defensor del régimen burgués no nos reconoce, a nosotros, enemigos de este régimen, una igualdad de derechos dentro de los códigos legales burgueses? ¡Con solo suponer que eso pudiera ofenderme, demostraría ya la fragilidad de mis convicciones socialistas!”.

Mejor sería explicar a las masas que esa negativa o rechazo por parte de los partidos del orden burgués no hace más que confirmar el carácter de clase del Estado y sus instituciones. Que se abroquelan para defender la propiedad privada y echan al lodo su propia ley y sus formalidades democráticas, cuando se ponen en juego sus privilegios de clase. Por eso, es lógico que rechacen a los partidos que asumen como objetivo la lucha de clase del proletariado por el socialismo.

“Dos mundos de ideas: por una parte, el punto de vista de la lucha proletaria de clase, que en determinados períodos históricos puede desenvolverse dentro del terreno de la legalidad burguesa, pero que inexorablemente lleva al desenlace, al choque directo, al dilema-: ´hacer añicos´ al Estado burgués o ser aniquilado, sofocado”.

 

Conclusión

Entendemos que la posición de los dirigentes del PTS expresa una marcada adaptación al régimen democrático-burgués. No es sino idealizarlo el pensar que, efectivamente, caben los mismos derechos para aquellos que se oponen al mismo en función de sus intereses últimos como clase, que para los que lo defienden con el mismo criterio. Al contrario, corresponde a un partido comunista el señalar que la igualdad en este sistema se agota en las formalidades, y que posiciones como la de Cornejo son solo superficialmente políticas (“proscriptivas”). No obstante, un marxista debe ser capaz de advertir que detrás de dicha superficie se encuentra una cuestión socioeconómica, clasista.

Después de todo, no debemos olvidarnos que el propio Del Caño rechazó en 2019 reunirse con Lacunza, Ministro de Economía de Macri, por considerar que sería “falso” establecer diálogo con quien estaba en las “antípodas de su posición” ¿Ha cambiado esto en lo esencial? La apreciación, por parte de Myriam Bregman de Axel Kicillof como un “compañero”, en 2018, podría haber sido una muestra de que, a juicio de estos dirigentes, tal podría ser el caso.

Nuestra crítica está fuertemente inspirada por los lazos fraternos que compartimos con los compañeros de este espacio, reforzados periódicamente en las calles, enfrentando a la burguesía y a sus representantes. En ellos confiamos la advertencia de estos problemas y la rectificación de un rumbo que no puede conducirlos a otro camino que no sea la desmoralización o, en el peor de los casos, la adaptación plena al régimen que se combate.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s