Recuperar la crítica marxista de las ciénagas del oportunismo

“La estupidez y la falta de honradez de los adversarios, no pueden justificar nuestra propia ceguera. Las masas, en todo caso, necesitan amigos que vean claro”.

León Trotsky, La revolución traicionada.

La situación política latinoamericana y los estallidos sociales que se visibilizaron a fines de 2019 (en particular el caso de Bolivia) nos llevan a la necesidad de sentar posición y polemizar sobre el rol que debe tener la izquierda revolucionaria en la etapa. En este artículo brindamos algunos aportes teóricos, y ejemplos históricos, en un intento de propiciar un debate desde una óptica marxista revolucionaria. Las referencias a clásicos del marxismo no son utilizadas con la intención de convertirse en citas de autoridad. Tampoco intentamos trasladar situaciones revolucionarias o contrarrevolucionarias mecánicamente a la coyuntura actual. Estos aportes solo intentan reflejar cómo uno y otro de los más grandes referentes de nuestra clase aplicaron el método de Marx y el materialismo a las relaciones de clases, y de fuerzas, que les tocó analizar.

 

Un recorrido histórico por posiciones de León Trotsky

En sus análisis de la crisis revolucionaria de entreguerras, León Trotsky reconocía que la victoria del socialismo no se había producido y señalaba que la socialdemocracia había actuado como salvadora de la burguesía. Es en un escrito de 1936, “La revolución traicionada”, donde analizó y caracterizó a la burocracia stalinista como contrarrevolucionaria. En otros escritos de la época también expresaba que la socialdemocracia allanó el camino a los fascismos en Europa. Paradójicamente este posicionamiento de Trotsky, respecto a la realidad europea, difiere sustancialmente de los que levantan en el presente gran parte de sus seguidores argentinos respecto a la realidad latinoamericana.

Cabe recordar que, a lo largo de su vida, Trotsky llevó adelante una implacable crítica hacia la socialdemocracia y el stalinismo, al mismo tiempo que advertía sobre el peligro del fascismo en Europa. En sus escritos sobre España, alertó acerca del error que significaba la estrategia del frente popular. Estrategia diseñada por la III Internacional (stalinista) que sostenía la unidad con las fuerzas progresistas, inclusive la burguesía y la pequeño-burguesía, y la necesidad de no criticar a sus integrantes para evitar debilitar dicha alianza.

En la actualidad podemos ver cómo populistas, frentepopulistas y la principal fuerza de la izquierda revolucionaria argentina (de filiación troskista), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), acuerdan en la necesidad de unificar la lucha contra el fascismo en la región. Al parecer, este no sería el momento de criticar a los gobiernos burgueses progresistas. Es que aquí no estamos discutiendo si es necesario generar unidad de acción contra un enemigo común, esto es algo recomendable y deseable (mucho más ante la enorme desigualdad en las relaciones de fuerza de la actualidad). El problema reside en participar como furgón de cola en un armado frentepopulista dirigido por la burguesía o marchar a una unidad táctica, de frente único, en que nuestra independencia de clase nos permita clarificar posiciones.

En “La revolución española”, Trotsky escribió:

“Los teóricos del frente popular, no van más allá de la primera regla de la aritmética, la de la adición: la suma de los comunistas, los socialistas, los anarquistas y de los liberales, es más grande que cada uno de ellos por separado. Tal es toda su sabiduría. La aritmética es, no obstante, insuficiente en este asunto. Es necesario, por lo menos la mecánica: la ley del paralelogramo de las fuerzas es cierta también en política. La resultante es, como se sabe, tanto más débil cuanto más diverjan entre sí las fuerzas componentes. Cuando los aliados políticos actúan en direcciones opuestas, el resultado puede ser igual a cero”.

¿Por qué Trotsky decidió poner en evidencia el rol de la socialdemocracia y del stalinismo ante la perspectiva del advenimiento del fascismo en España? El fascismo en Italia, el nazismo en Alemania y la dictadura fascista de Franco parecen elementos suficientes para argumentar lo contrario y bregar por la “unidad”.

¿Es que Trotsky debería haberse abstenido de criticar el campo de las “fuerzas progresistas” para así no debilitar a las fuerzas del campo popular frente al avance del fascismo como expresión radicalizada del imperialismo? “No hacerle el juego a la derecha”, dirían hoy los nacionalistas populares y cierta parte de la izquierda trotskista argentina.

¿Por qué ante la amenaza del fascismo, y las consecuencias que ello implicaba sobre el movimiento obrero y sus organizaciones, Trotsky sostuvo su crítica marxista al stalinismo? ¿Por qué responsabilizó a Stalin como cómplice del advenimiento del fascismo español, sosteniendo su rol de “organizador de derrotas” del proletariado? Siguiendo los actuales posicionamientos de los seguidores de Trotsky, organizados en el PTS, su referente habría sido funcional a los fascistas y al imperialismo.

En “La tragedia de España”, el creador del Ejército Rojo escribió:

“De parte de Franco no hay ejército poderoso ni apoyo popular. Solo hay poseedores rapaces, dispuestos a ahogar en sangre a las tres cuartas partes de la población nada más que para mantener su dominio sobre el cuarto restante. Pero esta ferocidad ni hubiera bastado para asegurar su victoria sobre el heroico proletariado español. Franco necesitaba una ayuda en el lado opuesto del frente. Y obtuvo esa ayuda. Su principal auxiliar fue y es todavía Stalin, el que aplastó al Partido Bolchevique y a la revolución proletaria”.

Un primer acercamiento para entender esta decisión de enfrentar al reformismo en pleno auge del fascismo, es el rol que Trotsky le asignaba a la socialdemocracia como salvadora de la burguesía frente a la amenaza de la revolución proletaria. Ejemplo de esto fueron la República de Weimar, en Alemania, y La República y la estrategia del frente popular en España. Salvando a las burguesías de la amenaza del proletariado revolucionario, los socialdemócratas y el reformismo allanaron el camino hacia la derrota del proletariado y la posterior salida fascista de la burguesía. De esta manera, la socialdemocracia canalizó las fuerzas proletarias hacia el dominio normal del capital y abrió las puertas a una serie de derrotas del proletariado que terminaron con el triunfo de los fascistas.

En esa misma línea, escribió Trotsky en “La ´teoría´ del Frente Popular”, en “La lección de España”:

“El bloque de los diversos grupos políticos de la clase obrera es absolutamente necesario para resolver las tareas prácticas comunes. En ciertas condiciones históricas tal bloque es capaz de atraer hacia sí a las masas pequeñoburguesas oprimidas, cuyos intereses se encuentran próximos a los del proletariado. La fuerza común de semejante bloque puede llegar a ser mucho más grande que la de cada una de sus partes constituyentes. Por el contrario, la alianza política del proletariado con la burguesía, cuyos intereses en la época actual, en las cuestiones fundamentales, divergen entre ellos como los lados de un ángulo de 180 grados, no puede, en regla general, más que paralizar la fuerza revolucionaria del proletariado”.

En su idea, el bloque de los diversos grupos de la clase obrera es la táctica correcta del frente único proletario (esta es la táctica de Marx y Engels, Lenin y Trotsky). La de la alianza política con la burguesía es la táctica llevada al plano de estrategia por el Frente Popular y defendida por el stalinismo (y sus lacayos de ayer y de hoy).

Entendemos entonces que el frente único de la clase obrera y sus diversas expresiones de clase, sería así la única táctica que podría llevar al proletariado a enfrentar con todas sus fuerzas al enemigo (el fascismo y la burguesía). En consecuencia, los métodos de lucha se deben derivar de esta concepción estratégica. La autodefensa, la organización y preparación militar del proletariado revolucionario; golpear con un solo puño, pero no mezclar las banderas con las corrientes reformistas; golpear juntos al enemigo común, pero marchar con banderas separadas; y defender el programa del socialismo frente a la ideología pequeño-burguesa de las filas socialdemócratas y frente populistas. Esta es la táctica de Marx en la “Circular de 1850 para la Liga de los Comunistas” y es la táctica de los bolcheviques en la Revolución Rusa. Es la que defiende Trotsky ante la dirección stalinista de la Internacional en Francia y España, donde el stalinismo y su estrategia frente populista llevaba a la derrota de los distintos procesos revolucionarios. (1)

En ese sentido afirmaba en su escrito de 1937, “La ´teoría´ del Frente Popular”:

“Los obreros y los campesinos no son capaces de asegurar la victoria más que en el caso en que ellos conduzcan la lucha por su propia emancipación. Someter en esas condiciones al proletariado a la dirección de la burguesía, es asegurar por adelantado su derrota en la guerra civil”.

¿Qué les ocurre a algunos trotskistas en Argentina y en Latinoamérica que elige desconocer o tergiversar esta línea fundamental u orientación de parte de su más prestigioso líder y fundador?

 

La situación boliviana actual y el oportunismo

A partir de los sucesos de Bolivia y el ascenso de la derecha fascista, racista y religiosa, gran parte de la izquierda trotskista y todo el arco del progresismo nac&pop, sostienen la postura de apoyo sin el menor atisbo de crítica al gobierno de Evo Morales. Solo es posible estar “con el golpe” o “contra el golpe”.

Si estamos “contra el golpe”, entonces debemos apoyar sin chistar a Evo y evitar cualquier crítica al proceso “popular” que se mantuvo durante casi catorce años en Bolivia. Cualquier intento por responsabilizar al masismo por su pérdida de apoyo popular y de insinuar que la misma fue consecuencia de sus políticas, es tomado como una provocación, y nos alinea inmediatamente con el golpe y con el imperialismo. Las bestiales respuestas a los análisis del POR Masas argentino, el POR boliviano, Razón y Revolución, Rolando Astarita y Rita Segato son solo tristes ejemplos de lo anunciado.

En una vergonzosa nota, publicada en La Izquierda Diario y titulada “El POR boliviano: la caída de un partido histórico en instrumento del golpismo”, la filial boliviana del PTS (LOR-CI) arremete contra el POR boliviano: (2)

“Desde la LOR-CI no depositamos ninguna confianza en la transparencia del proceso electoral, ni tampoco en Evo Morales y el MAS, a los cuales hemos visto violentar diversas normativas para asentar un régimen crecientemente personalista y autoritario. Sin embargo, así como no le podemos creer a Morales, menos que menos a un organismo al servicio del imperialismo como la OEA (énfasis del editor) que, al mando de Luis Almagro, fue la punta de lanza de la ofensiva imperialista en Venezuela y Cuba. Que cívicos, agroindustriales, empresarios, iglesias y partidos de derecha hayan aceptado la afirmación de la OEA sin más, obedece a la naturaleza de clase y política de los mismos; pero que el POR o el MST o ex dirigentes sindicales lo hagan, muestra una bancarrota absoluta de esta izquierda”.

Según esta forma de argumentar, la verdad no es objetiva sino totalmente subjetiva. Depende de quién la enuncia. Así, por ejemplo, decimos que un gobierno es bonapartista, que garantiza la acumulación del capital, que es un régimen personalista y autoritario (dos características aplicables al stalinismo por la crítica de Trotsky), que es un freno a la estrategia socialista, y sin embargo, como según estos camaradas, eso representa un mal menor con respecto al ascenso de la derecha, deciden que hay que estar de ese lado. Cualquier postura que debilite esa unidad pasa a estar inmediatamente del lado de la reacción.

Nuevamente, según esta fórmula, no es momento de hacer un balance, ni levantar alguna crítica sobre los gobiernos populistas. A pesar de que la propia izquierda alguna vez caracterizó dichos procesos como la salida burguesa o bonapartista de situaciones revolucionarias o rebeliones populares (principalmente Venezuela y Bolivia y su experiencia de socialismo del siglo XXI).

En esta misma línea sostienen que en circunstancias en que la derecha avanza en el continente sería hacerle el juego al imperialismo proponer cualquier balance o crítica a las experiencias autodenominadas socialistas del siglo XXI. La opción de hierro para el oportunista es la siguiente: apoyamos lo posible y realizable o debilitamos el campo progresista y le hacemos el juego a la reacción de derecha. De ello se deduce que no es momento de ponerse críticos con los gobiernos populistas, a los que “no les creemos” pero son mejores que la Organización de Estados Americanos.

Los marxistas, contrario a los oportunistas, creemos que es absolutamente necesario exponer una caracterización basada en el materialismo histórico del llamado socialismo del siglo XXI, tanto como de los organizadores de derrotas de nuestra época.

 

Así argumentan los oportunistas

En un escrito de 1906, “De nuevo acerca de un gabinete salido de la Duma”, Vladimir Lenin analizó las formas argumentativas de los oportunistas:

“´Hay que elegir´, es el argumento con que siempre han tratado y tratan de justificarse los oportunistas. De golpe y porrazo no puede lograrse nunca nada importante. Hay que luchar por lo que, aun siendo poco, sea asequible. ¿Y cómo saber que algo es asequible? Mediante el ascenso de la mayoría de los partidos políticos o de los políticos más influyentes. Cuanto mayor sea el número de políticos que se muestren de acuerdo con un avance, por pequeño que él sea, más fácil será lograrlo, más asequible será. No hay que ser utopistas, aspirar a las grandes cosas. Hay que ser políticos prácticos, saber plegarse a las exigencias de cosas pequeñas, las cuales facilitaron la lucha por las cosas grandes. En lo pequeño reside la etapa más segura para luchar por lo grande”.

Así argumentan siempre los oportunistas en las filas del proletariado. Para ellos la salida siempre es apoyar las reivindicaciones más pequeñas para ir remediando los males sociales:

“Es lo único seguro y práctico. Todo lo que sea hablar de las aspiraciones fundamentales [del proletariado frente al dominio burgués], es pura palabrería de utopistas, son meras frases revolucionarias. Hay que elegir y elegir siempre entre el mal existente y el más pequeño de los proyectos propuestos para corregirlos” (Lenin, ídem).

Este razonamiento aparece como natural, evidente a los ojos de aquellos que piensan en base al sentido común. Un pensamiento que solo distingue entre dos opciones: A o B.

“Hay que elegir entre la reacción y los radicales burgueses, que prometen una serie de reformas prácticamente realizables. Hay que apoyar a estos radicales, apoyar a su ministerio; las frases acerca de la revolución social no son más que vacuas charlatanerías de blanquistas, anarquistas, utopistas, etc” (Lenin, ídem).

 

La crítica marxista: ¿debilita o fortalece la estrategia revolucionaria?

Una tarea fundamental de los marxistas es desenmascarar y combatir al oportunismo en las filas del movimiento obrero. Siguiendo los planteos de Lenin, en el texto anteriormente mencionado, se trata entonces de no dejarse atrapar por la alternativa burguesa, sino de presentar una tercera salida, el programa del proletariado. Esto es clave en la lucha por la independencia política del movimiento obrero.

Como ejemplo de ello vale recordar que ante el hecho de la Primera Guerra Mundial la gran mayoría de los socialistas (incluso parte de los bolcheviques) afirmaban que había que tomar posición: había que elegir entre cuál de los bandos era el mal menor. Lenin cortó de raíz con esta falsa opción y planteó que existía una tercera línea política, la del derrotismo revolucionario, la transformación de la guerra imperialista en guerra civil. Esta era la salida que se percibía como la más lejana, alejada de las masas. Los oportunistas y centristas objetaban que su posición era abstracta, utópica, lo concreto era que había que elegir, entre los dos bandos, el menos malo.

Para los oportunistas, debido a que la salida socialista era lejana, las condiciones imponían aceptar la salida concreta del mal menor. “Si gana el mal menor, entonces podremos preparar las bases para llegar a la salida socialista”, afirmaban, pero propagandizar el derrotismo revolucionario era, según los oportunistas, abstracto, alejado de lo posible. Será necesario para muchos compañeros recurrir al estudio de este período histórico para sacar sus propias conclusiones.

 

El oportunismo en el proceso revolucionario soviético

El ejemplo que sigue puede resultar muy ilustrativo a la hora de entender la situación actual. Se trata de la actitud de los revolucionarios bolcheviques ante el intento de golpe de Estado del general Kornilov contra el gobierno provisional (democrático-burgués) de Kerensky, en la Rusia de 1917. Se plantea allí el ataque a un régimen democrático con dualidad de poderes (los soviets) por parte de un sector del ejército y la burguesía. En este caso, aparentemente todo indicaría que había que optar por apoyar a Kerensky contra Kornilov, a la democracia burguesa contra el golpe militar.

Sin embargo, Lenin se negó a entrar en esa trampa de la lógica oportunista. A pesar de que distinguió claramente entre la democracia burguesa y el bonapartismo, comprendiendo la posibilidad de un cambio de régimen, defendió la necesidad de que el proletariado presente su propia línea alternativa, la de combatir contra Kornilov sin apoyar a Kerensky. Así lo expresó en su “Mensaje al CC del POSDR” (1917):

“Incluso ahora nosotros no apoyamos al gobierno de Kerensky. Lucharemos. Estamos luchando contra Kornilov, igual que lo hacen las tropas de Kerensky, pero no apoyamos a Kerensky. Al contrario, desenmascaramos su debilidad. Ahí está la diferencia. Es una diferencia sutil, pero es altamente esencial y no debe ser olvidada”.

¿Cuál era la “diferencia sutil, pero esencial” para el proletariado revolucionario? La táctica revolucionaria. Luchar y golpear al enemigo común con un solo puño, pero mantener la independencia política de la clase obrera y su programa respecto a la burguesía y su Estado. La línea política de apoyar el mal menor, de dejar de lado la propaganda socialista y la crítica del orden de lo existente implicaba, e implica hoy, el reemplazo de la teoría materialista de la historia por la teoría de la colaboración de clases. En esta idea de apoyar siempre el mal menor, lo posible, lo “concreto” ­aunque esto implique abandonar el programa y la táctica del socialismo­, se desdibujan los antagonismos de clase, desaparece la lucha de clases como fuerza motriz de la historia.

De esta forma se dibuja, en palabras de Lenin en el texto anteriormente citado, “la táctica de los adocenados progresistas burgueses, cuyo lema es: apoyar siempre y en todas partes lo mejor; elegir entre la reacción y las fuerzas que se oponen a la extrema derecha de esa reacción”.

Consideramos que, ante las falsas opciones con que los oportunistas encierran la lucha de clases y la llevan por el camino de la conciliación, los marxistas deben levantar la alternativa independiente de la burguesía y su Estado y solo desde esa perspectiva y solo en ese marco apoyar determinadas reformas:

“Nuestra tarea no se limita a apoyar las consignas más difundidas de la burguesía reformista. Nosotros mantenemos una política independiente y solo convertimos en consigna nuestra aquellas reformas que interesan incondicionalmente a la lucha revolucionaria, que incondicionalmente contribuyen a elevar la independencia y el grado de consciencia y la combatividad del proletariado. Solamente mediante esta táctica podemos hacer inocuas las reformas desde arriba, reformas que son siempre de doble filo, siempre hipócritas, que encierran siempre trampas burguesas o policíacas” (Lenin, ídem).

 

Los “amigos del pueblo” y el “frente de todos”

En cuanto a la política de alianzas y frentes el marxismo también aporta elementos que son olvidados o desechados por la principal fuerza de izquierda argentina y que la izquierda nacionalista o populista ni siquiera los toma en cuenta. El marxismo no discute que los pactos con los partidos burgueses de oposición puedan ser “útiles”, tanto desde la actividad parlamentaria como desde el punto de vista de cómo se alinean los aliados en el frente contra el enemigo común, contra la reacción. Pero, lo central para decidir si un pacto electoral o un acuerdo, frente al avance de la reacción en el plano militar, es o no útil al avance del movimiento obrero socialista no debe medirse en cuanto a las ventajas inmediatas que se puedan lograr.

En la elaboración de la política marxista es necesario ir más allá de lo que indica el sentido común. Hay que analizar si aquellos a los que consideramos aliados, no son en realidad un enemigo solapado, al que resulta peligroso admitir en las propias filas. Debemos analizar si ese aliado es realmente un elemento que lucha contra el enemigo en común. Por eso es fundamental entender que la utilidad, o no, de un acuerdo o un pacto no debe medirse por las ventajas inmediatas. Debe pensarse en el largo plazo y ver si esos pactos aportan a la elevación de la consciencia de clase y la organización independiente del movimiento obrero y la estrategia socialista.

En ese sentido, Guillermo Liebknecht, dirigente socialista alemán, afirmaba que aún la aprobación de una ley en el parlamento contra los socialistas puede ser un mal menor que el desdibujar los antagonismos de clase e introducir la infección del colaboracionismo con la burguesía. Es la idea expresada en las “Tesis sobre la cuestión nacional y colonial” de la III IC, que sostuvo:

“Es preciso combatir enérgicamente el intento de enarbolar los colores comunistas por parte de movimientos emancipadores que no son en realidad ni comunistas ni revolucionarios”.

Finalmente, así como los “amigos de la URSS” que visitaban Moscú en los años ´30 o ´40 y tomaban nota de los avances en la industria, la salud, etc., pasaban por alto la existencia y el crecimiento de una nueva aristocracia burocrática que vivía a costa del proletariado. Así como ocultaban el proceso de las purgas de Stalin, la persecución al trotskismo y a toda la oposición de izquierda frente al avance de la contrarrevolución thermidoriana, en pos de sostener los privilegios de la nueva casta burocrática, la “internacional nacional y popular” oculta las verdaderas relaciones de clase que reproducen los llamados progresismos o socialismos del siglo XXI en Latinoamérica.

 

Algunas conclusiones

Los reaccionarios suelen apoderarse de las críticas de los marxistas, enderezadas a los regímenes burocráticos, reformistas, que refuerzan la lógica de los conciliadores de clases. Esto es innegable e inevitable. Utilizaron las críticas de Trotsky y la oposición de izquierda frente a la burocratización stalinista que se desplegaba en la URSS. En el “Manifiesto Comunista”, Marx y Engels recordaban que la reacción feudal trató de explotar la crítica socialista contra el liberalismo. Sin embargo, la crítica socialista no dejó de decir sus verdades contra el régimen de la burguesía.

Los stalinistas acusaban a Trotsky y argumentaban que sus críticas preparaban la intervención armada contra la URSS. En “La Revolución traicionada” Trotsky expresó:

“La verdad es que la crítica marxista, al llamar las cosas por su nombre, solo puede consolidar el crédito conservador de la diplomacia soviética a los ojos de la burguesía”.

“No sucede lo mismo con la clase obrera y los partidarios sinceros que tiene entre los intelectuales. Allí, nuestro trabajo puede hacer que nazcan dudas y suscitar desconfianza, pero no hacia la revolución sino hacia los que la estrangulan. Y este es el fin que nos hemos propuesto. Pues el motor del progreso es la verdad y no la mentira” (Trotsky, ídem).

Los posicionamientos de gran parte de la izquierda revolucionaria ante los acontecimientos que sacuden actualmente a Latinoamérica han dejado en evidencia una notable reticencia al estudio científico de su parte. Expresión de esta última ha sido la continua recurrencia a recetas clásicas como la sobredimensión del rol de los “imperialistas” (especialmente en el caso venezolano y boliviano) y el tremendo optimismo con el cual se juzga el desarrollo de las protestas populares (especialmente en el caso ecuatoriano y chileno), que han llegado a ser caracterizadas como “revolucionarias”. La primera de las “recetas” aludidas para caracterizar los acontecimientos en curso es la que más a menudo ha devenido en posicionamientos oportunistas, aunque no por ello caracterizamos que la segunda u otras resulten menos dañinas.

Un buen punto de partida para evitar recaer en los mismos errores es recuperar uno de los grandes aciertos de los referentes históricos del marxismo, a los cuales hemos aludido a lo largo de toda la nota, el estudio científico de la realidad. Los elementos presentados tienen el objetivo de retomar una línea de pensamiento que nos permita reflexionar y actuar en consecuencia con los objetivos que pretendemos lograr en esta compleja realidad que nos presenta como única alternativa: socialismo o barbarie capitalista.

 

NOTAS

(1) Cabe mencionar que el papel de “organizador de derrotas” que Trotsky adjudicaba al stalinismo se enmarca en la estrategia del frente popular y también, en el llamado “tercer período” en el que la burocracia thermidoriana pasaba a definir a la socialdemocracia como social-fascista, llamando a las organizaciones obreras a aislarse de la misma, tratando por igual al fascismo y la socialdemocracia. Esa estrategia allanó el camino al fascismo porque debilitó las fuerzas del frente único proletario. Esto no implicaba, por parte de Trotsky, dejar de denunciar el carácter reformista y conciliador de clase del socialdemocratismo. Ante todo, se posicionaba siempre desde la independencia de clase y la necesidad de hacer frente único en el plano táctico y levantar el programa y la estrategia socialista como única posibilidad de organizar las fuerzas del proletariado contra el enemigo de clase.

(2) El POR boliviano: la caída de un partido histórico en instrumento del golpismo. Disponible en: https://www.laizquierdadiario.com/El-POR-boliviano-la-caida-de-un-partido-historico-en-instrumento-del-golpismo

 

BIBLIOGRAFÍA

-Lenin, V. (1973): “De nuevo acerca de un gabinete salido de la Duma”, en Obras Completas, tomo 11. Moscú: Editorial Progreso.

-Lenin. V. (1917): Mensaje al CC del POSDR.

-Liebknecht, G. (2010): “Tesis sobre la cuestión nacional y colonial”, en La Internacional Comunista. Tesis, manifiestos y resoluciones de los cuatro primeros congresos (1919-1922). Madrid: Fundación Federico Engels.

-Marx, K. (1850): Circular del Comité Central a la Liga Comunista.

-Marx, K. y Engels, F. (1848): El manifiesto comunista.

-Trotsky, L. (2014): La revolución traicionada. Qué es y a dónde va la Unión soviética. Bolivia: Editorial Crux.

-Trosky, L.: La revolución española. Sin pie de imprenta. Editorial El puente.

-Trotsky, L. (1939): “La tragedia de España”.

-Trotsky, L. (1937): “La ´teoría´ del Frente Popular”, en La lección de España: Última advertencia.