Sobre la necesidad del feminismo: Acuerdos para la militancia socialista con perspectiva feminista

Las mujeres pueden llegar a ser verdaderamente libres e iguales solo en un mundo organizado mediante nuevas líneas sociales y productivas.

– Alexandra Kollontai.

El presente documento ha sido elaborado con el fin de abrir un debate necesario sobre algunas definiciones respecto de los acuerdos en relación a la construcción social de los géneros que debe tener una organización política como la que pretendemos construir. En primer lugar, definiremos qué entendemos por patriarcado y su relación de mutua articulación con el sistema capitalista. Luego haremos referencia a la vinculación entre patriarcado y capitalismo e Iglesia católica. También propondremos algunas coordenadas para pensar la cuestión de las masculinidades. Por último, haremos una propuesta sobre la necesidad de la lucha feminista en dos debates actuales: el crecimiento del movimiento de mujeres a raíz del #Ni una Menos y la discusión sobre la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

1. Definición de patriarcado
Entendemos por patriarcado a un sistema de dominación basado en la relación de autoridad que tiene el varón sobre la mujer en una sociedad o grupo social, que se mantiene sobre las bases que se establecen en las relaciones de explotación y opresión.

Es una construcción social que se articula con la explotación social. La feminista socialista Heidi Hartmann define al patriarcado como “un conjunto de relaciones sociales entre los hombres que tiene una base material, y aunque son jerárquicas crean o establecen dependencia y solidaridad entre ellos que los capacitan para dominar a las mujeres”. No es solo el sistema sino los varones como tales quienes oprimen a las mujeres y a aquellas identidades genéricas que no respondan a la heteronorma. La restricción de su sexualidad, junto al matrimonio heterosexual –como forma de control sobre la fuerza de trabajo de las mujeres -, son elementos cruciales del patriarcado, que no descansa solo en la familia sino en todas las estructuras que posibilitan este control. (Fontenla, 2009: 260)

Es necesario entender, entonces, que el patriarcado es desde su origen anterior al capitalismo pero también transversal a él. Potencia las relaciones de explotación ya que determina la doble explotación: por la condición de clase y por la condición de género. Legitima situaciones de violencia, completamente naturalizadas y provocadas por la agudización de las condiciones de explotación; es así como, por ejemplo, el hombre se ve habilitado a descargar su bronca hacia su mujer, luego de una intensa jornada laboral, ejerciendo su poder sobre ella solo por su condición potestad de varón.

Por último, el establecimiento de la familia monogámica en la que los roles están perfectamente delimitados (reproducción de la fuerza de trabajo y la mujer como agente reproductor) invisibiliza el trabajo doméstico (no remunerado) y sirve al Capital para perpetuarse a lo largo de la Historia (1).

El patriarcado es desde su origen anterior al capitalismo pero también transversal a él…

2. Machismo y crítica al patriarcado
Resulta necesario establecer diferencias entre el patriarcado como sistema social y cultural de dominación y el machismo, entendido como el conjunto de prácticas y discursos que reproducen dicho sistema. Al igual que el racismo (2), la ideología machista legitima la superioridad del hombre respecto de la mujer pero la perpetuación del patriarcado no se alimenta únicamente del machismo como práctica discriminatoria. Por sí mismo, el patriarcado ha elaborado categorías, determinando actitudes y comportamientos. Aun cuando no existiera una ideología machista dominante, las prácticas patriarcales (roles de género asignados en función de los sexos, por ejemplo) pueden persistir de todos modos. Por esto, es necesario reconocer el machismo como un elemento más que refuerza las relaciones de poder entre los géneros.

Es importante resaltar que existen tendencias que, a pesar de identificarse dentro del propio feminismo, refuerzan estereotipos de género. En ocasiones colocan a la mujer en un determinado lugar de “emancipación” por la trasgresión del rol socialmente dado, desde una visión patriarcal. Así, suele atribuirse una identidad de “mujer luchadora” a aquella que, sin cuestionarse su rol en el hogar (como afirmamos, trabajo no remunerado e invisibilizado), aun así trabaja en la esfera pública (trabajo remunerado).

De esta forma se esencializa el género, es decir se refuerzan estereotipos de masculinidad y feminidad, se naturalizan los roles culturalmente construidos y se reivindican las tareas asociadas a la mujer por el solo hecho de tener vagina o útero, negándose además otras identidades (disidentes a la norma de la heterosexualidad) que, al igual que las mujeres, se ven oprimidas, perseguidas y discriminadas en la sociedad patriarcal. Por otra parte, ciertos sectores abiertamente identificados con el patriarcado resignifican el rol dado socialmente a las mujeres (como en las tareas del cuidado, del hogar o reproductivas) llegando a sacralizarlo. Consideramos que todos estos casos son funcionales para la perpetuación del patriarcado.

Creemos, entonces, que es un error reducir la discusión a la cuestión del machismo o confundirla con ella. Si no se tuviera en cuenta la existencia del patriarcado el feminismo no tendría razón de existir. A pesar de esto, hay espacios que incurren en un reduccionismo al creer que el problema del machismo se solucionaría “educando a los obreros”, en lugar de pensar que implica una tarea compleja, integral, que involucra a toda clase y que no se trata de algo mecánico. Lo grave de esta consideración es que oculta en realidad la complejidad de las relaciones de dominación y opresión producto del capitalismo.

Existen tendencias que, a pesar de identificarse dentro del propio feminismo, refuerzan estereotipos de género…

3. Iglesia católica, patriarcado y capitalismo
3.1 El paradigma occidental y el dogma cristiano en la historia de la opresión de género
La Iglesia judeocristiana es una institución que sirve y apoya la contención moral del sistema capitalista y de todas las relaciones de dominación existentes. El proceso de secularización moderno permitió que el rol preponderante que tenía en la Edad Media fuera paulatinamente desplazado, desde y por la aparición del Estado y las formas legales que garantizan su funcionamiento.

Desde el paradigma occidental, con el dominio de la religión católica y cristiana, la Iglesia como institución social continúa perpetuando aquellos comportamientos que permiten la opresión hacia las mujeres y las sexualidades disidentes ya que las bases en las que se apoya (la Santa Biblia) tienen principios patriarcales.

Así, legitima roles sociales establecidos desde una discusión moral y de fe y a través de mecanismos de interpelación a sus creyentes como la confesión y la culpa. De esta forma la Iglesia católica no hace más que aplacar todos los intentos de transformación, manteniendo el statu quo machista y patriarcal, siendo fiel a sus principios y consecuente en sus acciones.

La Inquisición medieval ejecutó uno de los mayores genocidios (o “ginecidios” para utilizar el término de Mary Daly de 1973) contra la humanidad: se calculan entre 3 y 9 millones de víctimas, de las cuales el 80% fueron mujeres. Estas mujeres estaban dedicadas a las artes de sanación, mujeres sabias, comadronas, herboristas que continuaban la tradición atendiendo a los pacientes en los lugares sagrados de curación antes dedicados a la diosa. Estos conocimientos se basaban en tradiciones orales que pasaban de madres a hijas. El pasaje bíblico “no dejarás que la bruja viva” (Éxodo 2218) ha sido la base sobre la cual se erigieron siglos de persecución.

En 1484 la bula del Papa Inocencio VIII denunciaba la brujería como una conspiración del demonio contra la paz y el orden común del santo imperio cristiano y así se institucionalizó la guerra contra las mujeres:

La Inquisición culpó a las víctimas acusándolas de haber sido causantes de una explosión de histeria colectiva en los campesinos que las señalaban. Las víctimas actuaban y contaban sus fantasías sexuales y al hacerlo sentían gratificación erótica. Lo que no se menciona es cómo se obtenían las confesiones por parte de la Inquisición. Las brujas (léase mujeres) eran torturadas durante días con el sacaojos, el potro, las botas de hierro rompepiernas por mencionar solo algunos de los instrumentos.
(Morgan, 2009: 44)

3.2 Relación Estado-Iglesia católica
En Latinoamérica los Estados burgueses acatan los mandatos de la Iglesia, obturando cualquier discusión política que signifique un avance en el reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Un claro ejemplo de esto es la discusión sobre el aborto. La Iglesia intenta correr el eje de la discusión en torno del problema: la responsabilidad del Estado es garantizar las condiciones de salud para cuidar de las mujeres que deciden abortar y así evitar las miles de muertes que hoy son resultado de los abortos clandestinos.

Afirmamos que se desplaza el eje de discusión porque lo que debería ser un derecho para las mujeres y cuerpos gestantes (decidir sobre su propio cuerpo) es para la Iglesia una inmoralidad (asesinar a “una criatura”), demonizando a toda persona con capacidad de gestar que desee decidir libremente sobre su cuerpo. Hay aquí un intento de escapar de la discusión política sobre la responsabilidad del Estado: garantizar el acceso a la educación sexual, brindar los recursos adecuados en caso de que decidiera no concebir (anticonceptivos gratuitos) y su derecho a interrumpir el embarazo en las condiciones de salud adecuadas para poder hacerlo.

Es necesario dejar en claro que históricamente la Iglesia católica se ha opuesto a muchísimas leyes que significan la conquista de derechos civiles. Es así que en 2006 se opuso a la sanción de la ley de Educación Sexual Integral. Lo mismo sucedió en 2010 con la ley de matrimonio igualitario o en 2012 con la ley de identidad de género. La discusión relacionada con el reconocimiento de sexualidades disidentes pone en jaque un paradigma que sostiene y construye una sociedad en términos binarios, asignándole a cada uno un rol.

La Iglesia católica ha llegado a tildar de “enfermos” o “desviados” a los homosexuales, apoyándose en el parámetro de la heteronorma. Es decir, se establece un mecanismo en el cual se elimina cualquier sexualidad que irrumpa con la heteronorma (blanca, heterosexual, burguesa) y del sistema binario de sexo-género (varón-mujer). De esta forma:

-Se garantiza la constitución de una familia monogámica y heterosexual, en la cual se establecen los roles para el cuidado y la reproducción de la fuerza de trabajo.
-Al tener estas características, la “familia nuclear” reproduce el discurso machista y patriarcal en el que se basa la Iglesia católica.
-Se definen masculinidades y feminidades propias de cada género, invisibilizando las disidencias sexuales.
-Todo esto se basa en la persecución moral y so pena de castigo.

4. Sobre la necesidad del feminismo socialista y del socialismo feminista

Si partimos del acuerdo de entender que la explotación capitalista es la extracción de plusvalía, siendo esta última la porción de valor apropiado por el capitalista de la mercancía o servicio producida por el/la trabajador/a, es imprescindible entender que la lucha feminista debe tener como horizonte no solo la liberación de su opresión de género sino la de todas las opresiones.

Por esto, sostenemos que la lucha feminista es necesaria para lograr la liberación de todas las mujeres y diversas identidades sexuales, tanto en su condición de género, raza (3), etnia y clase, trascendiendo el lugar que les designa el capital.

Es necesario tender alianzas con distintos sectores siempre y cuando estas alianzas estén sostenidas por un programa transformador que garantice dicha liberación. Entendemos que la única clase capaz de sostener y direccionar un programa revolucionario, que brinde la seguridad del avance de la lucha feminista, es la clase obrera. El feminismo que queremos es, entonces, un feminismo anticapitalista. El socialismo al que aspiramos es necesariamente antipatriarcal y feminista.

Como explica Susana Gamba “El feminismo socialista coincide con algunos análisis y aportes del feminismo radical, reconociendo la especificidad de la lucha femenina, pero considera que este debe insertarse en la problemática del enfrentamiento global al sistema capitalista.

Sostenemos que la lucha feminista es necesaria para lograr la liberación de todas las mujeres y diversas identidades sexuales tanto en su condición de género, raza, etnia y clase, trascendiendo el lugar que les designa el capital…

Expresa también que los cambios en la estructura económica no son suficientes para eliminar la opresión de las mujeres”. (Gamba, 2009:148).

Consideramos que es fundamental entonces relacionar y articular la explotación de clase con la opresión de la mujer, afirmando con total conciencia que esta es explotada por el capitalismo y oprimida por el patriarcado.

Es primordial posicionarnos en contra de cualquier tipo de opresión. Sabemos que si el feminismo avanza en términos de conciencia de género y clase, habrá un contexto más propicio para que las mujeres se unan a la lucha contra el capital. Es fundamental erradicar las diferencias que profundiza el machismo, dividiendo a la clase obrera entre varones y mujeres. Pero es primordial que las mujeres se entiendan como sujetos explotadas por el sistema capitalista a la vez que están atravesadas por el patriarcado, para garantizar una lucha de conjunto de toda la clase trabajadora.

5. Sobre las masculinidades
Partimos de pensar las identidades masculinas como construcciones culturales que se reproducen socialmente y que, por ello, no pueden definirse fuera del contexto en el cual se inscriben. Esa construcción se desarrolla a lo largo de toda la vida, con la intervención de distintas instituciones (familia, escuela, Estado, la Iglesia católica, etc.) que moldean modos de habitar el cuerpo, de sentir, de pensar y de actuar las sexualidades. Pero, a la vez, establecen posiciones institucionales signadas por la pertenencia de género. Esto equivale a decir que existe un lugar privilegiado, una posición valorizada positivamente -jerarquizada- para estas identidades dentro del sistema de relaciones sociales de género.

No todos los varones viven ni valoran del mismo modo los esquemas de masculinidad hegemónica, pero todos los conocen. Todos han sido, de uno u otro modo socializados dentro de este paradigma. Las mujeres también los conocen, y muchas esperan que los varones realmente se comporten siguiendo este modelo: crían a sus hijos varones de acuerdo con este esquema y critican a sus compañeros si no alcanzan a cumplir con lo que se espera de ellos. Varones y mujeres participan en la construcción de la masculinidad como una posición privilegiada.

Ellos y ellas colaboran en la creación de esta sensación generalizada que Josep Vincent Marquez (1997) sintetiza del siguiente modo: “Ser varón es ser importante” y “es tener que ser importante” (Faur, 2009: 207).

Por eso consideramos que las organizaciones marxistas y socialistas debemos sostener una actitud crítica tendiente a la deconstrucción de las prácticas machistas, a los fines de evitar su reproducción. Somos concientes de que la reproducción de las lógicas machistas existen también hacia dentro de las organizaciones de izquierda. Por eso quienes nos reivindicamos dentro de este espacio creemos que es preciso reconocerlas e identificarlas y acompañar estos procesos de aprendizaje en los compañeros varones que apoyan nuestra lucha.

6. Debates actuales del feminismo
6.1 #NIUNAMENOS. Vivas nos queremos
Luego del estallido del primer Ni una Menos, el 3 de junio de 2015, el movimiento de mujeres ha tenido un crecimiento exponencial. Denunciando la forma última y más violenta del machismo sobre las mujeres, el colectivo Ni una Menos llenó las calles con una consigna fundamental y más que clara: “paren de matarnos”.

Somos concientes de que la reproducción de lógicas machistas existen también hacia dentro de las organizaciones de izquierda…

Hartas de ser cosificadas, usadas, maltratadas, violadas, las mujeres salen a las calles a reclamar por las que no tienen voz; pero también crece la solidaridad con aquellas que se encuentran en situación de violencia. Se crea una hermandad, la sororidad (4) que une a las mujeres bajo el lema “si tocan a una, nos tocan a todas”. De esta forma, en principio desde un espontáneo reclutamiento pero ahora como forma política de expresión, el movimiento de mujeres deja en claro que el patriarcado no tiene vía libre.

Lamentablemente, aunque haya leyes que protejan a las mujeres en situación de violencia, el Estado y los gobiernos poco caso hacen a esta demanda. De hecho, el tratamiento de estas normas no fue por la “buena voluntad” de “nuestros” gobernantes sino que fue gracias a la presión social que ejercía el movimiento de mujeres y sexualidades disidentes. Gracias a la movilización contamos con un extenso corpus de leyes que reconocen derechos y establecen responsabilidades.

Pero sabemos que la solución no está en las leyes, sino en la conciencia de género que aprehendamos, que socialicemos y que enseñemos. El instrumento jurídico será necesario pero no podemos apoyarnos ciegamente en él, mientras cada treinta horas una mujer es asesinada por su condición de mujer. Es así que, a cuatro años del primer grito de Ni una menos, las calles siguen colmadas (y cada vez más) de mujeres, trans, lesbianas, demostrando que la violencia no son solo golpes sino que también son expresiones y actitudes.

Entendemos que es necesario visibilizar que todas las formas de violencia están naturalizadas por el patriarcado y que no sólo es necesario luchar contra los femicidios, travesticidios y transfemicidios, sino que es primordial erradicar el machismo de nuestras vidas.

6.2 #8M: Día internacional de la mujer trabajadora
Decíamos que el movimiento de mujeres, acompañado por el colectivo LGBTTTIQ, ha tenido un crecimiento histórico. Lo demuestran los nutridos Encuentros Nacionales de Mujeres, las marchas del Ni una Menos pero también los primeros paros nacionales e internacionales de mujeres. Esto último consiste en tomar el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como una jornada de lucha en la cual queda expuesta la doble explotación que sufren las mujeres al acatar el mandato patriarcal de servir en la casa y en el mercado.

Particularmente durante el #8M de 2018 surgió una diferencia entre distintas corrientes del feminismo. La polarización se dio entre aquellas que suponían que la participación de los hombres en el paro de mujeres significaba una “amenaza”, un entrometimiento en la lucha de las mujeres por las mujeres. El varón, pero especialmente “el macho” no puede participar de las movilizaciones que establece el calendario feminista por ser el cuerpo en el cual se expresa el patriarcado.

Otra postura, en cambio, sostuvo que aquellos hombres interpelados por el feminismo deberían tener derecho de participar en la movilización. Consideró que en tanto varones que cuestionan los privilegios que le otorga el patriarcado, su participación en las marchas feministas es un triunfo del movimiento, que ha logrado darle la discusión al varón haciéndolo parte de la lucha por la igualdad y el fin de la opresión.

En 2019 se sumó una nueva diferencia con aquellxs que consideramos que, si bien el Día Internacional de la Mujer es un día de conmemoración y lucha de las mujeres, creemos necesaria la participación consciente de sectores que apoyan la causa. Es así que el feminismo radical se hizo escuchar en las asambleas de organización previas al 8M, obturando los posicionamientos. Lo peligroso de estas intervenciones es el total desconocimiento del avance de los colectivos de disidencias genéricas que crecen y se organizan, así como también la posición expulsiva de la movilización, no solo de los hombres sino también de estos colectivos.

Creemos que considerar a los compañeros y a las disidencias dentro de los debates del feminismo, como aliados en la lucha contra el patriarcado y el capitalismo, implica un avance en las discusiones que nos damos como feministas.

Reconocer a los hombres que transitan un proceso de cuestionamiento y deconstrucción no va en detrimento de la lucha contra la dominación masculina sino que significa una conquista de aquellas conciencias, que a su vez tienen la difícil tarea de llevar las demandas del feminismo al terreno del varón, de sus pares, para discutir la masculinidad dominante.

El cuestionamiento de los privilegios que el patriarcado le asigna al hombre es un terreno de disputa en el que el feminismo debe ganar ¿Qué mejor aliado que aquellos varones que intentan abdicar su masculinidad hegemónica y que el feminismo ha conquistado?

Si bien como socialistas y feministas somos respetuosas de las decisiones de otras organizaciones, consideramos que aun cuando los varones cis no tengan un lugar protagónico en las luchas por reivindicaciones, nuestra lucha contra el sistema patriarcal no es, ni debe ser solo “cosa de mujeres”.

El cuestionamiento de los privilegios que el patriarcado le asigna al hombre es un terreno de disputa que el feminismo debe ganar…

6.3 Debate sobre la legalización y despenalización del aborto. El derecho que nos falta.
En 2018 y luego de siete intentos ingresó el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en los recintos del Congreso Nacional. Por una decisión política oportunista del presidente Mauricio Macri, quien se vio forzado a autorizar el debate por la presión que ejerció el movimiento de mujeres, promotores y detractores debatieron sobre la vida de las mujeres.

Aquellxs que se adjudican la vida de un feto, aquel grupo social amparado por los sectores políticos más conservadores y la Iglesia católica se atreven a llamar asesinxs, a lxs que exigimos que el Estado cumpla con su responsabilidad de garantizar condiciones de salubridad adecuadas a aquellas personas que decidan interrumpir su embarazo.
El proyecto se basó en el concepto de salud que define la OMS, además que se posicionó firmemente en reconocer los derechos de las personas gestantes respecto a la salud sexual y reproductiva. El proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo irrumpe y molesta porque pone en evidencia que el debate no es “aborto sí o aborto no”, sino “aborto seguro, legal y gratuito” o “aborto clandestino”.

No podemos confiarnos en las concesiones burguesas. La victoria final tendrá lugar cuando no sean necesarias las leyes…

Finalmente, en agosto del 2018 el proyecto fue rechazado en la Cámara de senadorxs pero se volverá a presentar en abril de 2019. Seguirá en pie un proyecto que contempla la salud de las personas gestantes, que defiende la autonomía como derecho y reconoce la libertad de decisión sobre nuestros cuerpos.

En un momento de embestida de los sectores antiderechos, los mismos que obligan a las niñas a parir porque tienen el amparo de los gobiernos más conservadores de Argentina, es fundamental exigir la garantía de nuestros derechos y nunca abandonar la lucha por los que nos niegan.

La aprobación de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo será una victoria del feminismo que ha demostrado su fortaleza, su capacidad de acción y transformación pero no debemos abandonar ese envión. La historia ha demostrado que las leyes, sin un movimiento organizado detrás, son letra muerta. No podemos confiarnos en las concesiones burguesas. La victoria final tendrá lugar cuando no sean necesarias las leyes, cuando seamos conscientes de que no hay un mundo de igualdad si un enorme sector sigue oprimido por unos pocos; la victoria del feminismo, de todos los feminismos, se dará cuando sin importar raza, etnia, género, nos interpelemos como clase; y sobre todo cuando no se separen el género y la clase.

Cuando entendamos que es clave desarrollar un proyecto político que entrelace las relaciones de género y clase, de poder y de explotación para lograr la liberación de conjunto en pos de una sociedad igualitaria.


Notas:
(1) Un estudio pionero en relación a la mujer y el trabajo puede rastrearse en la obra de Engels, Federico (1884): “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”.
(2) Entendemos que el racismo es una ideología que postula la superioridad de una raza frente a las demás. Por eso lo utilizamos como ejemplo cuando hablamos de machismo, ya que este también es una ideología que profundiza situaciones de opresión y colabora al naturalizar comportamientos, expresiones y actitudes sexistas.
(3) Tomamos el concepto de “raza” para referirnos a aquellas luchas que presentan los feminismos negros, quienes reivindican su condición de mujeres pero atravesadas por la variable de raza. Es así que se entiende que las mujeres negras sufren una triple opresión: por su condición de género, clase y raza.
(4) La sororidad es la alianza feminista entre mujeres. Del latín soror, sororis, hermana. E –idad, relativo a. enuncia los principios ético-políticos de paridad, ausencia de jerarquía patriarcal y relación paritaria entre mujeres. Propicia la confianza y el apoyo entre mujeres en una sociedad que alienta los valores contrarios.


Bibliografía consultada:
-Barrancos, Dora (2009): “Feminismo. Historias y corrientes” Gamba, Susana Beatriz (2009) (coord.): Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.
-Faur, Eleonor (2009): “Masculinidades” en Gamba, Susana Beatriz (2009) (coord.): Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.
-Fontenla, Marta Amanda (2009): “Patriarcado” en Gamba, Susana Beatriz (2009) (coord.): Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.
-Gamba, Susana (2009): “Feminismo. Teorías y discusiones” en GAMBA, Susana Beatriz (2009) (coord.): Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.
-Kollontai, Alexandra (1921): “La prostitución y cómo combatirla” en Marxists Internet Archive, 2015.
-Morgan, Ethel (2009): “Brujas” en Gamba, Susana Beatriz (2009) (coord.): Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.
-Wayr, Marlene (2015): “Capitalismo gore: debatir la prostitución” en Clítoris, Sex(t)ualidades en viñetas. Buenos Aires: Hotel de las ideas.

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