Apuntes para pensar la organización

Es ridículo hablar de que la situación ha cambiado y de que estamos en otro período: ninguna situación, por ´gris y pacífica´ que sea, como tampoco ningún período de ´decaimiento del espíritu revolucionario´, excluye la obligatoriedad de trabajar por la creación de una organización de combate, ni de llevar a cabo la agitación política; es más: precisamente en tales circunstancias y en tales períodos es especialmente necesario el trabajo indicado, porque en los momentos de explosiones y estallidos ya es tarde para crear una organización; la organización tiene que estar ya lista para poder desarrollar inmediatamente su actividad.

– V. I. Lenin.

Cotidianamente debatimos con compañeros y compañeras que interpretan que vivimos el cierre de una era, la de las revoluciones proletarias, y como consecuencia lineal de esto la organización que expresó el bolchevismo demostraría su caducidad absoluta.
Al caracterizar el presente como un momento de cierre de ese período revolucionario, se plantea entonces la necesidad de discutir y plasmar otro tipo de organización: “más amplia”, dicen algunos; “con diversas tendencias o alas en su interior”, dicen otros… En síntesis, un partido con alas, con miras a unificar detrás de ese espacio a los distintos grupos o tendencias que conforman una parte del movimiento obrero y representan distintas expresiones de la lucha de clases.

Estas visiones priorizan la “unidad” como un primer paso para la construcción de la organización y confinan el problema de la delimitación programática al proceso y desarrollo de la discusión de las diversas tendencias lo que daría, como resultado esperable, una síntesis a favor de los elementos revolucionarios en un proceso de debate interno “al calor de las luchas y los procesos”.

Pues bien, es necesario tomar con seriedad extrema esta cuestión. En primer lugar, tenemos que definir si estamos ante un cierre definitivo de esta era de revoluciones proletarias o si en los marcos de dominio capitalista podemos pensar en un carácter relativo, de etapa defensiva del trabajo frente al capital.

A este marco de situación debe agregarse, como hecho central, la crisis ideológica que atraviesa el movimiento obrero mundial y que arrastramos desde por lo menos la caída de la URSS (1) así como la larga noche que significó el estalinismo para la estrategia socialista mundial.

Qué tipo de organización
En segundo lugar, retomando la teoría leninista del partido, podría pensarse que ningún cambio de situación excluye a la/os marxistas de trabajar por la construcción del partido de combate del proletariado. Y en este mismo sentido, cabe la discusión acerca de qué tipo de organización amerita este combate. Si se trata de un partido obrero amplio, con alas, o un partido obrero con las características del partido bolchevique, unificado a partir de una interpretación común de los objetivos, una instancia de mediación entre la clase obrera y su vanguardia revolucionaria.

Entendemos que es necesario construir una organización de combate, centralizada, cohesionada ideológicamente y portadora de una teoría comunista de la organización. Un partido de la clase que debe estar construido en base a una teoría sólida, decía Lenin en su crítica al izquierdismo (2), una teoría basada en la doctrina marxista y en el método dialéctico.

No existe la consciencia de clase al margen de la teoría revolucionaria marxista. La idea de una amplitud de tendencias y doctrinas en el marco de una unidad de todas las organizaciones obreras, sin una clara delimitación ideológica, lleva a la confusión y a la introducción de la ideología pequeño-burguesa en el movimiento político de la clase obrera. Ejemplo de ello es la influencia que las corrientes estalinistas, reformistas, social-cristianas y peronistas, ejercen sobre un gran número de agrupaciones que, auto-referenciadas como izquierda, reproducen concepciones burguesas como el estatismo, el sindicalismo, el fetichismo en los métodos de lucha, el nacionalismo, el cretinismo parlamentario, etc.

Cabe agregar que, en su rechazo al llamado “Congreso obrero”, Lenin definía esta postura de los mencheviques como liquidadora del partido, ya que representaba la idea de la unidad de los “obreros sin partido”.

Una profunda crisis ideológica
En su análisis del capitalismo y su lógica, Lenin trató de demostrar que no hay situación alguna que, en sí o por sí, carezca de salida. Tratándose del capitalismo y sus crisis cíclicas, decía que en cualquier situación que se encuentre, el capitalismo descubrirá siempre posibilidades de solución puramente económicas (3). El problema central, que se transforma en el problema político y organizativo estratégico para el proletariado, estriba en si esas soluciones puramente económicas podrán realizarse, pasando del mundo teórico puro al de la real lucha de clases.

El nudo de este planteo es entender que la posibilidad o no de que el capitalismo se recupere de una crisis, y relance un nuevo ciclo de acumulación, dependerá de la capacidad política y organizativa de la clase obrera. Es la clase obrera y su acción política revolucionaria, la única que arroja una posibilidad de cerrarle al capitalismo la escapatoria desde la crisis.

De no imponerse una estrategia revolucionaria del proletariado, o de no existir la organización necesaria capaz de llevar adelante dicha estrategia, el capital siempre encontrará la manera de imponer -con la fuerza de un hecho natural- la lógica de la valorización capitalista, con la consecuente pérdida de parte de los asalariados, que son quienes terminan pagando las crisis capitalistas.

Es la clase obrera y su acción política revolucionaria, la única que arroja una
posibilidad de cerrarle al capitalismo la escapatoria desde la crisis…

Aquí se pone en el centro la acción política revolucionaria del proletariado como condición fundamental para transformar la crisis en una llave de salida hacia la revolución socialista, en contraposición a las estrategias reformistas (salidas progresistas de las crisis) o de componendas con el sistema capitalista. Pues la única salida beneficiosa para la clase obrera frente a las crisis o períodos de claro ajuste del capital, no puede ser otra que una salida revolucionaria, que lleve adelante un programa socialista que acabe con la explotación y las relaciones de propiedad privada capitalista.

Por supuesto que alguien puede objetar, y con razón, que esa salida es poco probable que se de en estas condiciones, con una clase obrera atomizada, con una consciencia colectiva de clase resquebrajada (siendo generosos con el diagnóstico), con organizaciones que pasan del cretinismo parlamentario al ultraizquierdismo impresionista ante cada movimiento de lucha, ante cada pequeño envión en la lucha callejera, con análisis enfebrecidos que luego resultan insostenibles en el tiempo.

Sostenemos que es firmemente cierto que la salida revolucionaria no es algo que se elige entre otras variables. No se da por voluntarismos ni por condiciones espontáneas, se puede pensar solamente a partir de años de construcción organizativa, y justamente es esto lo que estamos tratando de decir cuando planteamos que la salida sólo puede provenir del triunfo de una estrategia determinada, en este caso el socialismo revolucionario. Decimos que hay que prepararse para que esa salida pueda cerrarle el camino al capitalismo y transforme las crisis y la guerra de clases en una nueva sociedad. No existen propuestas oportunistas que puedan acortar ese largo y difícil camino.

Un problema fundamental: estudiar
Entendemos que aquí es donde aparece nuestro problema fundamental: no nos es ajena la profunda crisis ideológica que atraviesa al proletariado y sus organizaciones y la falta de una perspectiva socialista revolucionaria, una estrategia de poder, para cerrarle el camino a la burguesía.

Atravesamos una grave crisis ideológica que el movimiento obrero socialista arrastra desde la temprana derrota de la revolución rusa (principalmente). Lo cual nos lleva a pensar que el capitalismo puede avanzar hacia niveles cada vez más bárbaros y brutales en su dominación sobre la clase obrera, debido a que cada gran crisis global del sistema se recupera sobre niveles cada vez más ruines de vida de las masas obreras.

En la historia de las crisis mundiales del capital se puede ver como siempre el capital se recupera destruyendo generaciones obreras y avanzando sobre sus condiciones materiales de vida. Es que, detrás de todo esto, está la necesidad de los explotadores capitalistas de recuperar sus tasas de ganancias. Esto sólo puede suceder, deteriorando los niveles del salario y las condiciones de explotación de la clase obrera (aumento de la tasa de explotación, aumento de la desocupación, precarización del trabajo, etc).

Por cierto que este programa no puede pasar sin infligirle una derrota a nuestra clase en todos los terrenos. Por eso cobra fundamental importancia la cuestión ideológica, la ruptura entre aquellos principios que constituyen un ideario socialista y el conjunto de los proletarios, pasa a ser el principal problema a enfrentar por aquellos que pensamos que solo una revolución socialista puede abrir paso a la liberación de la humanidad respecto a la barbarie capitalista que avanza sin piedad, sobre las condiciones de vida de miles de millones de proletarios del mundo.

Nuestra tarea inmediata
La dispersión y el abatimiento, como también el alejamiento con respecto a los principios del socialismo revolucionario, no se combaten con la agitación y el movimiento detrás de las coyunturas que se imponen (tacticismo), sino construyendo organización revolucionaria y atendiendo principalmente el problema de la teoría revolucionaria y su vinculación con el movimiento proletario.

El nexo esencial para ello es la organización revolucionaria de la clase obrera. Es necesario revisar críticamente la historia organizativa del movimiento obrero socialista, sacar conclusiones, ser rigurosa/os con los errores cometidos, criticarse sin piedad, pero entendiendo que la historia también enseña que sin la presencia de una organización revolucionaria (es decir, proletaria y comunista) no hay posibilidad de triunfo sobre las fuerzas burguesas del régimen.

La revolución de Octubre no hubiera triunfado sin el Partido Bolchevique. La revolución alemana careció de la dirección de un partido de ese tipo. En 1918, la liga Espartaco no pudo ser dirección y el proceso fue derrotado, abriendo el camino al engendro del nazismo. En la Italia del ´20, los consejos reflejaron una situación revolucionaria, pero la falta de un partido de clase construido como partido comunista, llevó al movimiento a la derrota, cuya consecuencia directa fue el ascenso del fascismo y la derrota de la clase obrera Italiana.

De ahí en más podemos mencionar varios ejemplos (Hungría y España entre ellos) donde la ausencia de un construcción organizativa como la que lograron los bolcheviques parece ser una de las razones fundamentales para que dichos procesos no sean victoriosos.

La importancia estratégica de la organización-partido para esta etapa sigue siendo central y la tarea inmediata para pensar en avanzar hacia dicha construcción pasa hoy por revertir la crisis ideológica que atravesamos. Para ello es necesario asumir que sin el desarrollo teórico revolucionario no hay posibilidad de salir de esta situación.

Por ejemplo, el tacticismo como expresión de la mayoría de los partidos de izquierda que intervienen en la lucha de clases, es parte o consecuencia y a la vez determinante de la actual crisis ideológica.

Cuando un partido se bandea del oportunismo al izquierdismo ante cada coyuntura cambiante de la realidad, está demostrando que en sus análisis de la situación, reproduce formas de pensar o actuar incrustadas por el reformismo burgués, el espontaneísmo, el cretinismo, el mecanicismo, el izquierdismo, todas consecuencias de un alejamiento de los principios a la hora de elaborar la línea del partido y por ende, aquello que es del orden de lo estratégico y de lo táctico.

Cuando se subordina la estrategia a una táctica, para engrosar las filas de la organización (por ejemplo, en las elecciones, donde no se habla de socialismo para no ahuyentar posibles votantes o apoyos) o por dejarse llevar por lecturas superficiales o impresionistas, se está poniendo de manifiesto, la crisis ideológica del proletariado y su ideología socialista. Cuando se cae en exigencias al Estado para que actúe en contra de los intereses de clase que defiende; cuando se cree legislar para cambiar cuestiones endémicas del capitalismo como la desocupación, o se les pide a los representantes de la burguesía que actúen en favor de los jubilados, etc.

Cuando se crea la falsa ilusión de que cambiando gobiernos, o diputados o reformando algunas leyes se puede avanzar hacia una sociedad “más justa” o “más digna”, se está dejando de pensar según los principios del socialismo científico, que ha demostrado hace ya tiempo el carácter de clase del Estado y la inevitable relación de explotación que media entre el capital y la clase obrera.

El marxismo, el socialismo revolucionario, no puede abandonar estas ideas y su propagandización permanente en aras de una táctica o una situación coyuntural (elecciones burguesas por ejemplo). Frente al brutal atropello del capital sobre el trabajo, es necesario propagandizar en favor del socialismo y no dejar lugar a dudas a la clase obrera acerca de la imposibilidad de vivir una vida digna bajo el régimen del capital.
Insistimos, ante la desorientación, la dispersión, el derrotismo, la única medicina es la verdad revolucionaria (Marx decía que la verdad era revolucionaria por sí misma), la que no deja lugar al ilusionismo pequeño burgués de mejorar la sociedad actual, de componer el capitalismo y humanizar sus tendencias explotadoras inmanentes.

Hemos dejado de hablar con lenguaje marxista, nos han domesticado en las formas fetichistas de pensar, han introducido la ideología burguesa en el movimiento obrero…

Por eso es que la tarea inmediata es recuperar la capacidad crítica, subversiva de la ciencia marxista para guiar al movimiento obrero por el camino de la lucha de clases como lucha política de clases.

El marxismo nunca puede ocultar o desdibujar los antagonismos de clase. Debe bregar para que cada vez más obrera/os adquieran consciencia del carácter irreconciliable de los antagonismos de clase entre la burguesía y el proletariado. El capital y su Estado son enemigos irreconciliables de la clase obrera y junto a ellos, todas sus expresiones políticas y formas de dominación.

Hemos dejado de hablar con lenguaje marxista, nos han domesticado en las formas fetichistas de pensar, han introducido la ideología burguesa en el movimiento obrero y con ello han logrado que las palabras revolución o socialismo (ni hablar del comunismo ni de la dictadura del proletariado) hayan sido desplazadas del vocabulario de aquellos que se autodenominan socialistas y de izquierda.

Una vez más, el antídoto para esta enfermedad ideológica de nuestra clase, es la educación política, la escuela de partido (aunque el partido no esté) y sobretodo, la formación de los formadores de cuadros o militantes de la causa obrera socialista. Esto es central, la crisis ideológica sólo puede revertirse revalorizando los arsenales teóricos y rearmando teórica y estratégicamente al movimiento proletario.

Esta es la tarea esencial e inmediata para poder sentar las bases de la organización que nos permita tener como objetivo la toma del poder y la construcción de una sociedad socialista en vías al comunismo. De lo contrario, sólo cabe esperar el advenimiento de la más brutal carnicería capitalista mundial.


Notas:

(1) Es un debate en sí determinar el momento en que el proceso revolucionario llegó a su fin como tal en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
(2) Lenin, V. I. La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo.
(3) Lenin, V. I. ¿Qué Hacer?

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