Aportes para un debate sobre táctica electoral y tacticismo

Podemos apreciar que durante los años electorales, se trate de elecciones presidenciales o legislativas, florecen en la izquierda revolucionaria argentina los llamados a la unidad para conformar agrupamientos en pos de disputar espacios dentro del sistema democrático burgués.

En ese sentido, la convocatoria más destacada de los últimos tiempos, pero no la única, fue realizada por el Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS), una de las principales fuerzas integrantes del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT). En su acto del 6 de octubre de 2018 (1), así como en documentos posteriores, ha llamado a construir un partido unificado de la izquierda revolucionaria y socialista.
No es intención de este breve escrito responder a dicha convocatoria sino aportar algunas herramientas que nos ayuden a reflexionar sobre el lugar que debe ocupar una táctica electoral en el contexto de una estrategia socialista.

Con las reglas del enemigo de clase
La Ley Electoral argentina (2) impone pautas claras a las que las distintas fuerzas revolucionarias deben adaptarse para participar de las elecciones. De hecho el FIT ha recurrido a las normativas burguesas, las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), para dirimir las relaciones de fuerzas dentro del espacio.

Haciendo un recorrido por los documentos y escritos de Lenin sobre táctica electoral, y sobre táctica en otros órdenes, encontramos profundas diferencias entre sus planteos y el accionar de organizaciones que eligen participar de este tipo de contiendas electorales y se declaman “leninistas”.

Sin acudir a un argumento de autoridad al estilo de “porque Lenin o el partido lo dice”, creemos necesario hacer una contrastación entre la tradición socialdemócrata y la forma en que nuestra/os compañera/os del FIT llevan adelante y argumentan sus lineamientos tácticos/electorales.

El primer problema que podemos apreciar se vincula con el ocultamiento sistemático de los principios que emanan de la estrategia revolucionaria socialista. Observamos con preocupación cómo sostienen la necesidad de “acomodar el lenguaje” y dejar de hablar del programa revolucionario para lograr cierta incidencia en el electorado. Entendemos que el fin que persiguen es claro: obtener más votos para que crezca la representación de su espacio.

Qué lugar ocupa la táctica
La táctica debe ser respecto a la estrategia lo que la forma es al contenido. Así como no todos los medios sirven para todos los fines, las formas deben ser esenciales al contenido y la táctica debe desprenderse de la estrategia. En ese sentido, la táctica electoral nunca puede basarse en ocultar el contenido estratégico del socialismo para los fines de un partido que se autodefine como marxista revolucionario.

La táctica no puede escindirse de la estrategia socialista, debe ser la forma esencial de desplegarse de la estrategia. En definitiva, lo electoral debe estar subordinado a la estrategia revolucionaria. En ese sentido, nunca se debe rebajar la propaganda revolucionaria con el fin de atraer a las masas o resultarles simpáticas, acomodándose al nivel de consciencia del sentido común.

La filosofía y el marxismo deben criticar y superar el sentido común. Por eso se ha destacado el carácter científico del socialismo frente a las corrientes utopistas y aquellas que, por oportunismo, se adaptaron a la lógica del sentido común.

En la tradición revolucionaria del marxismo, desde la Circular de 1850 (3) hasta la intervención del partido bolchevique en la víspera de la revolución de 1917, siempre apareció en primer plano la idea de que la participación electoral tiene como finalidad principal el recuento de las propias fuerzas (una aproximación para medir el grado de apoyo obrero al partido).

Asimismo, la lucha parlamentaria tenía como fin el despliegue de la propaganda socialista y la explicación a las masas de que la única salida para la clase obrera es el socialismo y que no debe tener ilusiones en que dentro del marco capitalista de dominación se puede solucionar la explotación, la desocupación y toda una serie de males que son inherentes a la sociedad capitalista.

Era una oportunidad que tenía el partido de llegar al conjunto de las masas para dar una explicación lo más sencilla posible de que no hay salida para los trabajadores salvo mediante una revolución social que acabe con la propiedad privada y el Estado burgués.

Si, en cambio, se prioriza la acumulación de votos por sobre la propaganda socialista; si se deja de lado los principios con el argumento de que en este contexto social, hablar en los términos del socialismo y no brindar posibles soluciones concretas espanta votos; si lo que importa es que nos voten cada vez más, sin importar si esos votos responden a un avance de la consciencia de clase o si responden a que se percibe a la izquierda como una posible alternativa dentro del régimen… entonces estamos caminando por los andariveles del tacticismo y se pierde de vista la relación dialéctica que subordina la táctica a la estrategia general.

En palabras de Liebknecth (4):

Las revoluciones no se hacen consiguiendo el permiso de los altos poderes que tienen la autoridad; el ideal socialista no puede ser alcanzado en el marco del Estado actual; debe derrocar el Estado para asegurar la posibilidad de vida. Ninguna paz con el Estado actual. Fuera la adoración del sufragio universal y directo. Tomemos parte con toda nuestra energía, como lo hemos hecho hasta ahora, en las elecciones. Pero usemos las elecciones solo como un medio de agitación, y no dejemos de señalar que la urna nunca puede ser la cuna del Estado democrático. El sufragio universal no alcanzará su influencia final y decisiva sobre el Estado y la sociedad hasta después de que haya sido definitivamente eliminado el Estado policial y militar.

Por su parte Lenin afirmó (5):

Si para los politicastros burgueses de todos los países, desde los kadetes rusos hasta los ´librepensadores´ alemanes o los ´radicales´ democráticoburgueses de Francia, lo más importante es el éxito inmediato, lo más importante es ganar una banca de diputado, para un partido socialista lo más importante es la propaganda y la agitación entre las masas, lo más importante es la defensa de las ideas del socialismo y de una consecuente y abnegada lucha por una democracia completa.

En conclusión
Entendemos que no se puede dejar de cuestionar a fondo los problemas que nos presenta este sistema por el solo hecho de que eso pueda espantar a las masas. El trabajo denodado por la suma de votos, si se realiza ocultando nuestras verdaderas intenciones, es meramente oportunista.

La cuestión de fondo para quienes detentan esta línea de acción ya no se enfoca en exponer la estructura de relaciones capitalistas sino en que la población “vote bien” y elija a aquellas fuerzas que van a legislar y “gobernar en pro de sus intereses”. Este es, en definitiva, el mismo argumento que utilizan los populistas o kirchneristas para culpabilizar a la sociedad por votar equivocadamente.

Ante esta situación, deberíamos preguntarnos para qué nos sirven esos votos. Qué podemos medir con este caudal de votos si el discurso utilizado para conseguirlos fue adaptado de manera de evitar hablar de la necesidad del cambio revolucionario; si se ha forzado nuestra propia doctrina para proponer proyectos en los cuales le presentamos a las masas la ilusión de que dentro de este sistema podemos, mediante leyes y algunas reformas, solucionar problemas tan graves como la desocupación o la mismísima crisis capitalista.

Nuestro deber como marxistas nos pone en la vereda contraria de quienes pretenden brindar soluciones de fondo esquivando una salida revolucionaria que acabe con los pilares de esta sociedad (la propiedad privada, la explotación, el trabajo enajenado).

Pero, ¿estamos discutiendo con una nueva reformulación de viejos preceptos adaptados a nuestra época o ante un abandono de la histórica línea táctica que supo llevar adelante el marxismo y el bolchevismo?

Para responder a esta pregunta es fundamental comprender si esta “nueva línea”, responde a los intereses de clase del proletariado o si es una nueva versión del siempre presente oportunismo en las organizaciones del proletariado, aquella expresión que refleja las incrustaciones de la ideología pequeño burguesa en las diferentes corrientes del movimiento de la clase obrera.

En este sentido, es necesario analizar esta desviación tacticista para reafirmar la necesidad de poner en pie la tarea de construir una verdadera organización revolucionaria que nos permita enfrentar al capital y su Estado con una verdadera estrategia socialista revolucionaria.

Se viene un año electoral y se van perfilando las distintas expresiones dentro del espectro de la izquierda en general y debemos ordenar el debate de acuerdo a los principios que decidimos defender.

La estrategia revolucionaria sólo puede recrear una táctica revolucionaria. Hasta el repliegue táctico, o las diferentes formas de participación en el régimen burgués en su marco de dominio sobre el trabajo, debe desprenderse de la estrategia general. No criticamos la participación electoral sino su separación de la estrategia socialista.

Notas:

(1) http://www.laizquierdadiario.com/Seremos-capaces-de-construir-un-partido-unificado-de-la-izquierda-revolucionaria-y-socialista
(2) La Ley Nº 26.571, conocida como “Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”, fue sancionada en 2009.
(3) Nos referimos a la “Circular del Comité Central a la Liga Comunista” (Marzo de 1850), de Carlos Marx.
(4) ”The Speeches of Wilhelm Liebknecht” (1928). En, vol. 7, Voices of Revolt. New York: International Publishers.
(5) “Las elecciones en Petersburgo” (1909). En Obras Completas, t. 16, p. 20. Cartago.

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