El rol de la teoría y el peligro de despreciar el aspecto organizativo

La experiencia revolucionaria y la habilidad de organización son cosas que se adquieren con el tiempo ¡Lo único que hace falta es querer desarrollar en uno mismo las cualidades necesarias! ¡Lo único que hace falta es tener conciencia de los defectos, cosa que en labor revolucionaria equivale a más de la mitad de la corrección de los mismos!.

V. I. Lenin.

Una de nuestras grandes diferencias con la práctica de la mayor parte de la izquierda argentina se basa en nuestro rechazo a encapsular toda orientación política en una consigna. En efecto, las referencias históricas y teóricas que busquen explicar problemas de diversa índole son invariablemente caracterizadas como “teoricismo abstracto” y descartadas por “no armar para la intervención política” o por ser “mero propagandismo”. En contraposición, las consignas serían las respuestas “concretas” y “prácticas” para la intervención en la lucha de clases.

Por supuesto, este tipo de caracterización no es una innovación de la izquierda contemporánea: reformistas y posibilistas han acusado históricamente a la/os marxistas de “poco concreta/os” y de “teórica/os abstracta/os”. Si en el mejor de los casos nos encontramos frente a una profunda incomprensión de la teoría marxista, en otros no existe otra intención que la de deshacerse de la “pesada carga” de la misma y de su explicación científica del movimiento social (y, consecuentemente de la lucha de clases), mediante una excusa sencilla que permita adaptar su programa político (al que califican como el único “realista”) a las “posibilidades” vigentes.

Por ejemplo, quien afirma en su prensa que con las elecciones es posible transformar al país con una Asamblea Constituyente, y en base a esta orientación desarrolla una línea electoral y adaptada al sistema capitalista, necesita enterrar bien profundo (en caso de conocerlas) todas las enseñanzas del marxismo sobre el Estado y la violencia. Naturalmente, repudiará por “teoricista” a quien lo venga a importunar con un libro de Lenin, y lo condenará por “abstracto” y por estar “separado de la lucha de clases”. Como bien lo dijo el líder bolchevique en su libro “Qué hacer”, todo lo que sea rebajar o despreciar el papel de la teoría marxista lleva agua al molino del oportunismo, constituye en esencia un ataque a todo el marxismo.

En Línea Roja consideramos que hoy es más urgente que nunca rescatar la tradición de resolver los problemas prácticos partiendo de la mayor claridad posible en el campo teórico. La propia intervención en los frentes de lucha nos permite comprobar dicha necesidad. La lucha sindical, por ejemplo, genera por sí misma un conocimiento bastante acabado de las tácticas en relación a la lucha reivindicativa de manera que incluso un buen luchador de base puede no saber ni una palabra de marxismo. No obstante, su actividad genera inevitablemente presiones reformistas que tenderán a adaptar su conciencia al economicismo más básico, reproduciendo así la ideología burguesa (así sea reformista).

Años de actividad política “consignista” no solo no impidieron sino que colaboraron activamente con la despolitización de toda la vanguardia, dejando reducida la “política marxista” a un despliegue de maniobras y zancadillas entre los pequeños grupos y a golpes de efecto -por lo general electorales- en la agitación de las masas. Así es que se perdió toda noción del marxismo como una guía para la acción revolucionaria. Sin teoría, dirigentes y organizaciones enteras fueron arrastrados por las necesidades de la política inmediata hacia una u otra corriente burguesa, y el internacionalismo fue suplantado por el nacionalismo, el socialismo por el capitalismo de Estado y la perspectiva de tomar el poder por el avance gradual y pacífico en las urnas.

Por el contrario, entendemos que la actividad revolucionaria de la/os marxistas no se puede reducir a las consignas por el simple hecho de que la inmensa mayoría de los problemas que enfrentamos no se solucionan con meras recetas. Lenin clarificó el problema cuando, discutiendo la cuestión nacional, criticó a los “prácticos” por exigir contestar siempre con un “sí” o un “no”.

En ese caso, cuando cualquier nación reivindicaba su derecho a separarse de otra, el líder bolchevique explicaba que la burguesía siempre busca que el proletariado apoye sus aspiraciones nacionales sin mayores consideraciones, por lo cual responder “si o no” impediría a este último plantear sus principios en el problema nacional, condicionando su apoyo. Así, la respuesta aparentemente concreta (sí o no), se abstrae del conjunto de la explicación marxista, de los principios revolucionarios proletarios, y sólo se transforma concretamente en un apoyo incondicional a la burguesía.

La verdad concreta (es decir, la unidad de las múltiples determinaciones) no se limita a respuestas formulísticas, sino que unifica toda la explicación y plantea los principios y las perspectivas generales. Si bien estas explicaciones pueden parecer meros “matices” (por ejemplo, condicionando un apoyo a determinada reivindicación), estos “matices” suelen delimitar oportunistas de revolucionaria/os. Más allá de su “puntillosidad teórica” el marxismo estará dispuesto a discutir con el conjunto de la clase cursos de acción y organización unitarios en la lucha, acompañando su movimiento objetivo. Si bien en ello no se diferencia del buen sindicalismo, a la par no dejará de expresar sus perspectivas últimas, mostrando esas ideas “acabadas y brillantes” existentes en su teoría.

Desde la óptica del socialismo científico, esta es la única intervención política posible en la lucha de clases. Por ello planteamos la lucha teórico-propagandística en función del rearme político de la vanguardia y con la perspectiva de construir una organización marxista revolucionaria.

Esto último no es menor ya que, como afirma Luckacs en “Historia y conciencia de clase”:

El punto débil de todas las tendencias radicales no rusas de la Internacional consistió en no poder, o no querer, concretar organizativamente sus actitudes revolucionarias, discrepantes del oportunismo de los revisionistas declarados y del centro. Con ellos posibilitaron a sus contrincantes y particularmente al centro, disimular sus desviaciones ante el proletariado revolucionario…

La concreción de la lucha teórico-propagandística sólo puede venir de la mano de la organización y la intervención en el movimiento de masas.
La preparación de cuadros, de equipos de estudio, de elaboración y propaganda han de contribuir así al reagrupamiento de la vanguardia y a la interpelación y concientización de las masas proletarias.

Planteamos la lucha teórico-propagandística en función del rearme político de la vanguardia y con la perspectiva de construir una organización marxista revolucionaria…

Rehuir de los espacios en los que aquellas se agrupan y organizan, o simplemente esperar a que las mismas “lleguen a nosotros” con excusas que no difieren en contenido con el “posibilismo” consignista/reformista (dejando de aludir a las posibilidades en relación a la “sociedad” pero resguardándose en aquellas existentes en relación a la propia organización), no será sino redundar en prácticas sectarias y neutralizar los alcances revolucionarios de nuestros eventuales logros teóricos y políticos.

A falta de intervención concreta, nuestras formulaciones -podrán ser correctas en relación a la teoría o a nuestros principios- serán estériles en relación a nuestro objetivo central.

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